miércoles, 25 de febrero de 2015

Medidas antiguas

       Antes de que en 1841 fuese implantado el actual Sistema Métrico Decimal, existía otro sistema de medidas y pesas. Éste no era único, pues cada región tenía el suyo propio con valores diferentes de los demás. Su arraigo en Encinasola hizo que, hasta bien entrada la mitad del siglo XX, se continuasen utilizando bastantes de aquellas medidas. Hablaremos de algunas de las más populares en nuestro pueblo.
   Empezamos por la fanega. Hubo un tiempo no tan lejano que oír hablar sobre la fanega de grano resultaba muy familiar. Su peso solía estar sobre los 43 kg., dependiendo del tipo de grano y calidad. Hay que aclarar que no pesaba lo mismo un trigo bien madurado que otro cuya granación no hubiese sido la correcta. La fanega de centeno o cebada pesaban algo menos que el trigo. También se conocía como fanega, la extensión que podía cubrirse con esta cantidad de grano cuando, al sembrar, se esparcía a voleo sobre la tierra de labranza. De hecho, la superficie de algunas fincas era calculada en fanegas.
Como medida inferior le seguía la cuartilla. Hecha de madera y de forma trapezoidal, se usaba para envasar en costales de lona el grano limpio de la era. Con el fin de que todos los costales llevasen la misma cantidad y peso, se pasaba sobre ella un tronco en forma de cilindro llamado rasero. Cuatro cuartillas rasadas formaban la fanega.
En orden descendente estaba el celemín y el almud. El nombre del almud procede del árabe y aunque las dos medidas tenían la misma capacidad, éste  era más conocido y utilizado entre nosotros. Tres unidades completaban una cuartilla. A su vez, el almud se dividía en cuatro partes; cada una de ellas se llamaba cuartillo. Era conocido también el medio almud.
Al referirnos a las medidas de peso más conocidas  mencionaremos en primer lugar a la “arroba”, equivalente a 11´5 kg. Con la muy conocida romana, eran pesadas grandes cantidades de carbón envasado en seras de esparto, así como los cochinos de engorde. El aceite, aunque se envasaba en cántaras, cuando se hablaba de cantidades importantes, también era comercializado por arrobas. Cuatro arrobas formaban lo que se conoce como un quintal, vieja medida empleada para pesos mayores.
 Aunque existían otras medida, la cuarta quizá fuese la más popular en los molinos  de aceite. Era una especie de cubo metálico con dos asas y una abertura triangular en su costado. Cuando se recogía el aceite de la cosecha, el molinero lo media con la cuarta. Atado el recipiente por su parte superior con un cordel o cadena, se introducía en la tinaja empotrada en el suelo. Una vez lleno y al tirar de él hacia arriba, el líquido sobrante se vertía por dicha abertura cayendo de nuevo en la tinaja. De esta forma, cuando salía a la superficie, llegaba ya con su medida exacta. Cuatro cuartas completaban la arroba.
Fuera de contexto hay que decir, que habiendo pasado al olvido como medida de peso, el símbolo @ sigue estando muy al día al ser utilizado en los actuales correos electrónicos. Aunque de forma no acertada, algunas personas lo emplean para expresar con una sola palabra los géneros masculino y femenino. Como ejemplo y según la RAE, escribir “tod@s” es incorrecto, pues como se ha dicho antes, @ no es letra sino símbolo.
Tampoco podemos dejar de mencionar a la libra (460 gramos) unidad de peso muy utilizada, sobre todo cuando se vendían chivos o borregos. Los corredores, tras la compra-venta de una manada completa, solían decir: ha salido el peso con una media de 30 libras. (25 formaban una arroba).
  Hoy día se escucha decir con frecuenca: “he comprado en el supermercado varios kilos de filetes y dos cajas de leche”. Pero…quien no oyó a su madre decir en aquellos años de miseria: he traído de “parriba”  tres cuarterones de  pescado y dos onzas de carne. Si tenemos en cuenta que la libra equivalía a 460 gramos, el peso del cuarterón era un cuarto de libra y la onza 28 gramos, imaginemos la comida que podía llevar a casa cualquier madre de las de entonces.
El ocho fue otra medida muy popular en Encinasola. Si hacías algún “mandao”, casi siempre añadía tu madre: “de camino, tráete también un ocho de leche”. La median con un pequeño envase de lata llamado ocho, no pudiendo afirmar en este momento la cantidad que te echaban en la cantarilla. Si recuerdo que era bastante escasa y, normalmente, se la bebía algún miembro de la familia que estuviese  “pachucho”.
Al hablar de longitudes considerables, siempre salía a relucir la legua. Siendo su medida de 5´57 km., era el recorrido estimado que podía andar un caballo a paso normal en una hora. Si íbamos a la tienda de tío Revuelto o de Juan “treinta y tres” a comprar cordel  o paño, nos lo median en varas. (83´59 cm. unidad).
Existía otra medida que, olvidada ya de nuestro repertorio, también debió tener su momento. Hablamos del cajil. Perdido en tiempo al tratar de explicar qué era un cajil, si se puede asegurar que existía. Prueba de ello es, que en una de las coplillas picaronas que se cantaban por Navidad dedicada a una tal “Nemesia, la quinina”, suena el nombre de esta medida. ¿Quién por los años 60 y posteriores no las canturreó más de una vez?  Volved a entonarla quien la recuerde y veréis como en su letra aparece el cajil…
Po último decir, que sin ser oficial y con una valor más bien figurado, también se usaba como medida la ambozá. Era la cantidad que se podía coger de un montón de cualquier cereal con las dos manos juntas y abiertas. Con frecuencia se escuchaba entre la gente del campo: ¡qué lustroso tienes el burro! A lo que respondía su dueño: “es que toas las mañanas cuando le pongo el morral, le  arrebujo con la paja una  ambozá de cebá”.                                                                                                    J.M. Santos

2 comentarios:

  1. Muy interesante José María. Buen trabajo

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  2. Maria Bermejo, Esther Pombo Duran, Lara Vazquez López y 9 personas más les gusta esto.

    Fermin Adame Galvan Magnífico artículo José Maria, no lo recordaba de antes y veo que es un trabajo reciente en su fecha, es una auténtica tesina.
    25 de febrero a la(s) 22:10 · Me gusta

    Josefina Borrallo TODO UN SEÑOR! PROMESA CUMPLIDA. COMO SIEMPRE ME HA ENCANTADO. RECUERDO QUE MI PADRE DECIA UNA ARROBA DE ACEITE, DE LAS DEMÁS MEDIDAS NO RECUERDO. GRACIAS JOSÉ, BUENAS NOCHES
    25 de febrero a la(s) 23:31 · Me gusta

    José M. Santos López Buenas noches Josefina
    25 de febrero a la(s) 23:37 · Me gusta

    Maria Dominguez Santos buenas noches para todos
    25 de febrero a la(s) 23:39 · Me gusta

    José M. Santos López Buenas Maria
    25 de febrero a la(s) 23:40 · Me gusta

    Josefina Borrallo PA MI TAMBIÉN? JAJAJ
    25 de febrero a la(s) 23:40 · Me gusta · 1

    Maria Dominguez Santos claro para ti tambien buenas noches
    25 de febrero a la(s) 23:44 · Me gusta

    Isabel Sanchez Rios Muy interesante José M. Santos López como todos los tuyos sigue escribiendo que me encantan.
    25 de febrero a la(s) 23:48 · Me gusta

    Josefina Borrallo DONDE ESTÁ ISABELITA?
    26 de febrero a la(s) 0:07 · Me gusta

    Ruben Jara Muy bonito J. Maria y enhorabuena por ese acto de reconocimiento que tus paisanos te han echo. ...bien merecido...
    26 de febrero a la(s) 8:08 · Me gusta

    Rosa López Delgado Primo leyendo tu relato me he acordado de mi padre que entre las muchas cosas que nos enseñaba una era la de las medidas , los kilos qué tenis una @ etc etc........
    26 de febrero a la(s) 22:44 · Me gusta

    José M. Santos López Rosa, todas esas medidas que aparecen eran el pan nuestro de cada día. Yo me acuerdo mucho del Ocho y del cuarterones de carne. ¡ Qué tiempos!
    26 de febrero a la(s) 23:12 · Me gusta

    Maria Bermejo Que bien documentado esta ¡ algunas no me sonaban de nada. ¡

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