sábado, 12 de enero de 2019

Calle Feria -- relato policial--

       



      Los atracadores de bancos suelen ser de los más respetados dentro del mundillo de la delincuencia. Para sus colegas de menor rango son como ídolos. Su fama pronto traspasa límites, tanto los de su entorno de barrio como los de la ciudad donde viven. En ocasiones llegan a ocupar un puesto relevante incluso a nivel nacional.
En el momento de actuar, los más peligrosos pueden llegar a ser los que, pistola en mano, entran en la entidad bajo los efectos del “mono”. Éstos, empleando una violencia extrema, ponen en serio peligro la integridad, tanto de empleados como clientes. No faltan tampoco, como en el caso que se relata a continuación, los que usan todas las artimañas habidas para intentar conseguir su fin, demostrando una astucia que asombra. 
        
Las cámaras de filmación instaladas en la sucursal del Banco Santander de la Avenida República Argentina de Sevilla, no consiguieron fotografiar a los autores de un atraco ocurrido en la misma. Se conoció -- por declaraciones de empleados y testigos--, que eran dos individuos de unos 30 años, con buen aspecto y vestidos de forma normal. Al ser preguntadas, las víctimas solían decir que cualquier persona que se cruzase con ellos en la calle, lo que menos podía pensar es que estaba ante dos delincuentes de cuidado. Actuaron a cara descubierta, tranquilos, sin violencia manifiesta y con sobrado oficio y maestría. Ese día, bajo la amenaza de sus armas de fuego, consiguieron llevarse unos siete millones de las antiguas pesetas.
La verdad es, que los investigadores andábamos un poco despistados sobre la autoría del hecho. A pesar de las intensas gestiones que se hacían, no se conseguía coger el hilo. Por experiencia se había llegado a la conclusión que se trataba de individuos foráneos. Éstos son de los que van delinquiendo de ciudad en ciudad con escaso tiempo de permanencia en cada una --dan unos cuantos de palos y se largan--. Hay que decir, que cuando un grupo operativo policial se encuentra con este tipo de “chorizos”, la investigación se hace mucho más difícil. Pero nunca mejor dicho: en estos casos hay que tener paciencia y saber esperar.
Un buen día se recibe en el Grupo llamada telefónica de un confidente.  Hacía saber, que una mujer vestida de forma elegante y manejando dinero, era vista con frecuencia en un barrio marginal de Sevilla, donde compraba bastante cantidad de droga. Guardaba en su bolso de mano una pequeña pistola, arma que dejaba ver cuando le interesaba; quizá con la idea de dar a conocer su intención de usarla contra cualquiera que se atreviera a robarle. El informador no conocía su nombre, pero sí sabía que la fémina había sido compañera sentimental de un antiguo cliente del Grupo; conocido atracador que por aquellas fechas se encontraba en prisión cumpliendo una condena de varios años. Añadía también, que pudiera estar viviendo en un bloque de pisos sin determinar de la céntrica calle Feria de la capital hispalense en compañía de alguien más, teniéndose en cuenta la cantidad elevada de droga que adquiría, sin ser traficante
Por nuestra parte, ahí empezó la verdadera investigación. A partir de ese momento, una vez que se obtuvo la foto de reseña policial de la mujer, dos funcionarios de los más antiguos en la unidad que la conocían personalmente, se encargaron de patear una y otra vez la referida calle. Por fin, un buen día se dieron de cara con la fémina. Sometida a discreto seguimiento, les llevó hasta el portal nº136, entrando en el mismo tras abrir con llave. Seguidamente, conocer el piso que habitaba fue cosa fácil; averiguándose también que, efectivamente, compartía la vivienda con dos hombres.
El asunto ya empezaba a tener bastante color, motivo por el cual, se preparó un dispositivo completo y bien organizado. El suficiente para intervenir en cualquier momento si hubiese sido necesario. Se contaba con un punto de vigilancia cercano al lugar –que en adelante le llamaremos “punto B”--. Desde este emplazamiento --bastante discreto--, por radio se comunicaba al instante cualquier movimiento de los individuos tan pronto asomaban la cabeza por el portal de su bloque. Solían salir los tres por separado. Sometidos a seguimiento, se les veía merodear por las inmediaciones de entidades bancarias de la zona. En algunas entraban como si fuesen clientes normales. Se supo igualmente, que en un parking cercano guardaban un coche que figuraba alquilado con documentación falsa; vehículo que no usaban en ningún momento. Aunque habían sido fotografiados, no encontrábamos la forma de conocer la identidad verdadera de cada uno de los barones.
 Pasaba el tiempo y la situación se prolongaba sin ningún resultado positivo. Aunque se tenía casi el pleno convencimiento de que pudieran ser los hombres que buscábamos, no había ni una sola prueba de peso para detenerlos. No quedaba otra alternativa sino esperar acontecimientos. Uno de los últimos días, mientras era seguido el que después resultaría ser cabecilla del trío, entró en un bar. Momentos después lo hizo el policía que iba tras él situándose a su lado. El “choro”, sin sospechar lo más mínimo, repasaba tranquilamente la prensa del día mientras saboreaba un café. Cuando abonó la consumición y salió del local, el compañero se identificó ante el camarero e intervino la taza usada por el “malo”. Al poco rato, la vasija era enviada a la Brigada de Policía Científica para su estudio dactiloscópico.
Por fin, tras casi dos meses de espera, llegó el día clave. Sobre las nueve horas, el policía que se encontraba en el “punto B” comunica que en ese momento salían los dos individuos. Era la primera vez que se veían juntos y vestidos ambos con ropa distinta a la habitual – bien arregladitos para entender--. Una vez en la calle empezaron a andar de forma rápida y cautelosa, hasta perderse por una de las estrechas callejuelas, tan abundantes en esa zona antigua de Sevilla --seguro que ya llevaban el itinerario prefijado--. El resultado no fue otro que dejar “colgados” a los que habían salido tras ellos. Rápidamente, el Jefe de Grupo ordenó abandonar el seguimiento para que cada uno volviera a ocupar su puesto en el dispositivo.
 Mientras tanto, ese mismo día y a través del teléfono, se  adelanta el resultado del informe sobre las huellas dactilares obtenidas en la taza de café. El Grupo correspondiente había conseguido identificar a un “prenda de cuidado” --de los que se conocen como “ligero de gatillo” dicho en leguaje policial-- individuo a quien, además de constarle numerosos antecedentes, le figuraba en vigor varias órdenes de “Busca y Captura”; una de ellas por encontrarse fugado de la prisión de Barcelona.
Atentos, cada uno en su puesto, todos esperábamos acontecimientos. De pronto, como es normal en estos casos, la Sala del O91 confirma que se había cometido atraco en la sucursal del Banco de Granada ubicada en las inmediaciones de la Plaza de la Encarnación. EL hecho había sido llevado a cabo por dos individuos, que habían conseguido apoderarse de unos veinte millones de pesetas. La tensión del momento se palpaba, aumentando cuando minutos después, el funcionario del “punto B” comunica, que nuestros hombres acababan de entrar en el portal. Uno de ellos portaba una abultada bolsa de tipo comercial. Al parecer, todo les había salido a pedir de boca como se conocería después.
 A partir de ese momento, el responsable del servicio decidió esperar de nuevo antes de actuar. Mientras tanto, a través del juzgado se gestionaba el correspondiente Mandamiento de Entrada y Registro. Teniendo en cuenta que la situación estaba totalmente controlada, el jefe no consideró oportuno precipitar los acontecimientos entrando “a la brava” en el piso. A ser posible, era prudente evitar una posible reacción con disparos por parte de sus ocupantes; mucho más, al conocerse ya la casta delincuencial de al menos uno de los “chorizos”.
Esta vez la espera no se hizo larga. Pasado algo menos de una hora, el “punto B” comunica de nuevo que hacia su aparición el individuo considerado como segundo en la escala de mando. Había cambiado su vestimenta por otra más deportiva y, como de costumbre, salía a dar su paseo. Sorprendió que esta vez siguiera dirección Barqueta y no centro de la ciudad como era costumbre. Quizá el motivo no era otro, sino intentar acercarse hasta donde estaba estacionado el vehículo y prepararlo; tal vez con la intención de largarse todos cuanto antes. Se dejó caminar lo suficiente para que, en caso de alboroto durante su detención, no fuesen alertados sus colegas. Al ser interceptado, no se le dio la más mínima ocasión de reaccionar, ya que en pocos segundos estaba mordiendo el polvo. Poco después se conocería su identidad, que igual a su compañero, también se encontraba reclamado por haberse fugado de La Modelo.
De nuevo, cada uno a su puesto. Al poco rato se vuelve a escuchar el portátil del informador anunciando que el “jefe”, ya cambiado de ropa, hacia su aparición en el portal. A éste no se le permitió ni dar tres pasos, procediéndose a su detención sin que llegara a enterarse desde donde le “llegaban los tiros”, como se suele decir. Cuando quiso reaccionar, ya estaba engrilletado y tumbado en el suelo.
Ya solo quedaba nuestra antigua amiga… Rápidamente y previstos de la Orden de Entrada y Registro correspondiente, con una de las llaves intervenidas a los anteriores, se abrió el piso sin ningún problema. En su interior, sorprendida, encontramos a “la dama”, que también fue esposada de inmediato. Comenzado el registro, extendidos sobre una cama se podía ver gran cantidad de fajos de billetes --algo más de 20 millones de las antiguas pesetas--. Tal como aparece en la positiva adjunta, se recuperaron cuatro armas de fuego, placas falsas de policía, pasaportes y documentos de identidad falsificados, así como otros objetos usados en su actividad delictiva. También se encontraron varios recibos de ingresos bancarios recientes por valor de unos cuatro millones, cantidad que posiblemente procediera de su primer atraco.
¿Qué había ocurrido?... Pues se explica a continuación: Tan pronto como los individuos salieron del portal, a través de las callejuelas antes referidas, en pocos minutos llegaron a la plaza, entrando de forma resuelta en la sucursal ya mencionada. Acto seguido solicitan hablar en privado con el director. Cuando éste los recibió en su despacho, los “prendas”, muy tranquilos y exhibiendo sus placas, hicieron saber al responsable de la oficina que eran policías. A través de sus movimientos y con mucho oficio, de forma disimulada dejaban ver sus pistolas que, debidamente enfundadas, llevaban prendidas al cinto. Continúan diciendo que sus jefes les habían encomendado la misión de proteger la sucursal, pues se sabía, que en la caja principal de la misma había bastante dinero y un determinado grupo terrorista organizado, planeaba un atraco ese mismo día. -- Hay que señalar que, por aquellas fechas, estaban al día las actuaciones de tales grupos--. Quiso el destino, que en esos momentos y de forma casual, apareciese en la plaza un coche del O91 haciendo su recorrido normal que, sin ninguna misión determinada, se marchó pronto del lugar. La presencia del patrullero fue aprovechada por los maleantes para dar mayor credibilidad a la mentira urdida, diciendo al desconfiado director: “ve usted, ese coche de policía forma parte del dispositivo que tenemos montado en las inmediaciones. Para mayor control de la situación, necesitamos también conocer el funcionamiento de apertura de la caja”.
El sorprendido y engañado empleado, picando el anzuelo, tomó la decisión equivocada. Bajando con ellos al sótano les abrió la caja; momento que aprovecharon los “malos” para amenazarle con sus armas y guardar en la bolsa sin ninguna dificultad, todo el dinero existente en la misma. El golpe, de momento, les había salido perfecto. Lo que no esperaban nunca, era el recibimiento que les teníamos preparado a  su regreso.    
                                                                                                                                                            J.M. Santos
                                                                                                                        
                                                                                                                                                                              

                                                                                                                                    










                                                                                                              
                                                                                                                                                                             
                                                                                                                                 


domingo, 2 de diciembre de 2018

Los olvidados



       Quiero dedicar estas letras al recuerdo de todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo que tanto sufrieron por  sobrevivir en aquel ambiente tan hostil. Personas  analfabetas la mayoría, pero tan íntegras y honradas como las más.
       Tendríamos que situarnos entre las décadas de los  30 a 60 del pasado siglo. Eran tiempos de senaras, burros y alpargatas. Jornadas de trabajo duro. De tantas y tantas noches durmiendo bajo las estrellas. De años interminables cuidando rebaños de ganado ajeno. De tener que soportar el menosprecio continuado de aquella sociedad tremendamente clasista tan sobrada de injusticias.
         Al hablar de las mujeres, quizá sería más acertado nombrarlas como “heroínas”, por el valiente y digno papel que desempeñaron.  Esposas, que rodando en el mismo carro que sus maridos, se abrazaban a cualquier trabajo del campo. En algunos casos se veían obligadas por la necesidad a tener que parir solas, bajo la escasa y tambaleante llama de un candil de aceite que colgaba de cualquier gancho de un miserable habitáculo. Las mismas que, además de cuidar de sus hijos, lavaban sus escasas y raídas prendas en el arroyo cercano; sin descuidar tampoco que a la hora de comer, en su cazuela no faltase –cuando lo había- un cocido de garbanzos condimentado con  tocino añejo.
        ¿Qué decir de los niños?... Muchos de ellos nacieron en cualquiera de las abundantes y humildes chozas que se encontraban repartidas por nuestros campos. Empezaron a dar sus primeros pasos junto al fuego que calentaba a un par de pucheros ennegrecidos. Más adelante, sin horizonte ni meta, fueron pasando su juventud mientras caminaban por el surco tras el arado, sin otra ilusión que la de ver amanecer cada día.
     Atrás –casi no recordado hoy- queda toda una vida de sacrificio de todas aquellas personas que vivieron tiempos tan difíciles. Conocieron la explotación, el hambre y otras privaciones. Como espectadores de primera fila, supieron de los cambios traumáticos de la política, así como de los horrores de la guerra que llegaría después.
       Comentar por último,  que a lo largo de todos estos años, en Encinasola se han venido celebrado actos de homenajes dedicados a personas que destacaron por su arte, cultura  o buen hacer. También y para perpetuar su memoria, a los contrabandistas se les rotuló una calle del pueblo.
   No es que venga yo a referir aquí que estos actos hayan sido inmerecidos. Pero tampoco se puede dejar de decir, que todas aquellas personas que tanto lucharon y que con el tiempo han ido desapareciendo para perderse en el olvido, también deberían ser merecedoras de que, públicamente, se les hiciese algún tipo de reconocimiento. Nunca sería tarde.
                                                                                                                                    J.M. Santos

jueves, 8 de noviembre de 2018

PALABRAS PARA...


           
      PALABRAS PARA...

        De cuando en cuando la miro y…
        a pesar de los años transcurridos,
        recuerdo el retrato de aquella niña-mujer
           cuando empezaba a despertar a la vida.
            Recuerdo su expresión serena, su dulzura y
            aquella mirada limpia reflejando tantas ilusiones.

Había cumplido dieciocho años cuando la conocí.
         Llegó a mi vida… como el viento.
         Como esa brisa que refresca la mañana.
         Fue un día de Abril alegre, luminoso.
         Cuando los trigales apuntando al cielo
         coquetean con las nubes
         y el mirlo enamorado le canta a la primavera.

La miro y… todavía  recuerdo el sabor
que dejó el beso primero.
Aquella sonrisa emocionada y…
su rubor de enamorada
 cuando respondió: ¡Sí, quiero!

 Creciendo a mi lado
  hemos recorrido juntos la senda
  que nos señaló el destino.  
  Atravesamos tiempos duros, alegrías y desengaños.      
  Atrás quedó algún reproche que dejó herida.
          Palabras que dijimos sin prudencia.
  También, momentos bellos
   que nunca conseguirá borrar el tiempo.

   ¡Cómo han pasado los años!...
Cuando ya pisamos sobre los últimos recodos del      sendero, pregunto: ¿será camino recorrido,
   o solo tiempo que ha huido?

    La miro y… solo queda decir
    que fue de mis noches… sueño.
    Que fue norte, cuando mi rumbo era incierto.
    Que es su voz la que mi alma escucha
    cuando despierta el sentimiento…


lunes, 28 de mayo de 2018

Paseando por la democracia




Me considero un hombre de a pie que intenta cada día aportar su grano de arena para que la convivencia entre todos sea lo más agradable posible. Quiero a mi país. Lo digo sin rodeos, pero siento preocupación porque, desde mi forma de ver, cada día nos alejamos más de aquella idea de sociedad justa por la que luché durante tantos años, intentando siempre cumplir con mi trabajo de la mejor forma que supe.
          Conocimos la Dictadura en pleno apogeo. Bastantes años después vivimos lo que se llamó Transición; periodo que terminó cuando fue votada la Constitución que, una gran mayoría, abrazamos sin reserva. Puedo asegurar, que no fue fácil recorrer todo este larguísimo trecho. Quizá las nuevas generaciones no lo sepan –o quieran mirar hacia otro lado- pero, hubo que regar “la piel de toro” con  bastante sudor y sacrificio. Por fin empezaba a rodar la tan ansiada e ilusionante Democracia.
Explicado de forma simple y en pocas palabras, yo pensaba que el sistema democrático era el mejor para que cada individuo pudiese expresar libremente sus ideas. Aunque respetando siempre las de los demás. Sistema donde cada cual pudiese hacer uso de sus derechos y libertades como persona. Pero sin olvidar que también existen obligaciones a las que hay que hacer frente sin excusas. Imaginaba una forma de sociedad en la que resplandeciera el orden y la justicia en todas sus formas, sin distinción de clases. No puedo entender como en tan pocos años, se han podido devaluar tanto las normas morales de convivencia a seguir en cualquier comunidad. Ese respeto y consideración que nos deberíamos tener unos a otros, cada vez es más notable, pero por su ausencia.
Se habla mucho y a la ligera de “machismo” o “feminismo”. Es innegable que las mujeres, por méritos propios, han conseguido un escalón justo y merecido. Bien que se lo han ganado a pulso. Por el otro lado, ese arraigo “machista” del que se han aprovechado tantos hombres a lo largo de la historia conocida, se encuentra hoy en sus horas más bajas. Seguro que hay muchos menos varones con esa idea rancia de lo que se cree.
 También hay que decir, que el concepto de “machismo” en la mente de algunas mujeres, fluye desbordado como “río salido de madre”. Mencionaré un ejemplo insignificante: si de forma puntual y con respeto le dices a una mujer que es linda, es posible que te responda con una sonrisa agradecida –no todas comulgan con ese “feminismo” radical que se vive-  Pero… ¡cuidado!, porque no faltarán voces que intentaran marcarte con el sello de “machista”. ¡Sí!… serán las mismas voces que  enmudecen cuando, en algún que otro programa de la tele de los señalados como “basura”, se denigra de forma tan vulgar a la mujer.
¿Libertad de expresión? Respondo convencido, que me parece bien que cada cual pueda dar rienda suelta a sus sentimientos de la forma que considere. ¡Pero… ojito con  lo que se dice y como lo expresas! Las palabras, como piedras lanzadas al viento que nunca se sabe dónde van a caer, pueden hacer daño y mucho. Es ahí cuando, al hacer uso de forma descarada de esa libertad, pudiésemos estar invadiendo los sentimientos, la intimidad y el derecho de los demás.
Todos sabemos de algunas recientes sentencias judiciales sobre el tema. Entre otras lindezas, twittear o vocear tan alegremente sobre la muerte de personas lo considero, además de delictivo, muy poco elegante. A los familiares de esas personas que pudieran existir, seguro que no les resultará muy grato. Recurramos una vez más al viejo refrán y juzguemos: ¿Cómo reaccionarias al escuchar el nombre de tu padre muerto en circunstancias trágicas, aireado por los escenarios en tono barato e inapropiado? ¿Esta es la tan traída y llevada libertad de expresión?...
Es cierto que la delincuencia, en todas sus ramas, ha existido siempre pero, pienso que en estos tiempos que vivimos, estamos batiendo record. Da la impresión de que medio pueblo actúa solo con la maligna idea de engañar a la otra mitad.
Alarmante resulta oír a cada momento en cualquier boletín informativo, que en tal o cual empresa u organismo, se  están cometiendo fraudes de todo tipo. Las violaciones de mujeres y abusos de menores, es la noticia sobresaliente de cada día. Incalificables los hechos relacionados con el tráfico de drogas. En especial, los ocurrido recientemente en la zona algecireña.
¿Y qué pensar sobre esa lacra conocida como “Violencia de Género”? Aunque las leyes se inclinan a favor de la mujer y desde todos los frentes se repudia este tipo de hechos, cada día hay más casos con resultado de muerte. Esta situación nos lleva a pensar, que algo no encaja ni funciona como debería.
 Sin palabras me quedo al comentar sobre la clase política de nuestra España. A veces, incluso verles discutir en el Parlamento cualquier tema de interés nacional, ya deja mucho que desear. En vez de apoyar cada uno con su hombro para solucionar problemas, lo que hacen es ponerse zancadillas los unos a los otros. Con respeto limitado y llegando incluso al insulto, solo tratan de acoplar discursos de escasa credibilidad, a sus intereses particulares o a los de sus partidos. Recordaremos aquello de “la poltrona”, para entender.
También hay que resaltar el comportamiento delictivo de algunos -bastante por desgracia- Pregunto: ¿Cómo es posible que personas que han sido elegidas por el pueblo, o asignadas a dedo para cargos de relevancia, pueden estar metidos hasta el cuello en asuntos tan sucios? ¿Cómo se puede llegar a la política con el único fin de enriquecerse de forma tan ruin? ¿Cómo se permiten engañar a ese pueblo al que prometieron defender? ¿Pero… cómo no se les cae la cara de vergüenza? Nunca lo comprenderé. Deseo y espero que algún día, los tribunales  ponga a cada cual en el lugar que le corresponde.
No quisiera dar por terminado mi breve recorrido por la democracia, sin comentar lo que está ocurriendo en el mundo laboral. Lo hago de forma breve y sin entrar en detalles, pero con conocimiento real y verdadero sobre el tema: ¿Es justo que a un obrero responsable y cumplidor en su trabajo de muchos años, lo puedan despedir de un día para otro sin causa justificada ni explicación de ningún tipo? Pese a quien  pese, puedo asegurar -porque es cierto-, que esta situación no se conocía  durante la década de los 70 del pasado siglo bajo el régimen dictatorial. Quizá para algunos, esta afirmación pueda sonar a “fascismo”, pero se equivocaría quien lo pudiese pensar.
 Por aquellos años, cualquier obrero honrado iba cada día a su trabajo sin la preocupación de que pudiese golpear sobre su cabeza ese mazo llamado “despido”. Si le surgía algún problema laboral de relevancia, además de escucharle, su sindicato pronto ponía el caso en manos de un abogado laboralista. ¡Claro!... no debemos olvidar que aquellos sindicatos, aunque eran conocidos por las mismas siglas que los actuales, hablaban otro lenguaje diferente… 
Aún queda mucha tinta que gastar. Habría tema para escribir infinidad de páginas. No pretendo tampoco buscar culpables. Allá cada cual con sus responsabilidades. Si quiero decir, que estaría confundido si al leer estas líneas, alguien pudiera entender que se pretende “nadar en contra de la corriente”. Quizá estuviese más acertado si pensara, que mi mentalidad, pudiera no estar en sintonía con este ritmo de vida conocido como “progre”… Por llamarlo de alguna manera.
Equivocado o no, tengo que gritar bien alto diciendo, que esta no es la Democracia con la que un día soñé.
                                                                
                                                                     J.M. Santos
       
       

lunes, 2 de abril de 2018

Aquellos años 60


Con expresiones muy “marochas”, usadas sobre todo por los que trabajábamos en el campo, he tratado de recomponer de la forma más real posible, el diálogo mantenido entre dos muchachos de Encinasola, a los que llamaremos Antonio y Braulio.
Se encuentran al amanecer de una mañana de invierno. A lomos de sus burros, caminan juntos mientras se dirigen hacia las ocupaciones rutinarias de cada día. 
Su temática, aunque sencilla e intrascendente, deja vislumbrar las ilusiones y desencanto de una juventud sin otro horizonte que el de ver amanecer cada día. Para ellos, este era su mundo. A pesar de todo, parecen felices... Aunque quizá estaría mejor expresado decir, que se conformaban.
       De lo que nadie puede dudar es, del cariño y respeto que aquellos jóvenes sentían por sus familias. Quizá estos sentimientos tan arraigados fuera la base donde se sustentaba esa aparente resignación.
       ¿Habrían escuchado decir alguna vez estos muchachos, que existía algo que se llamaba universidad?

A---Antonio
B---Braulio

A---  ¡Bueno días Braulio!... 
B---  ¡Bueno y frescos, Antonio!
A---  ¿Pa onde vas tan temprano?
 B---  Paí voy aviá unos arbichuches que tenemos pa esa ribera.  ¡Na!... que  esto es un engorro. Los bichos no dejan na más que sofocones y tené que está to el año atencia deellos. Aluego cuando acabe me iré con el viejo al cercao, pero ante me pasaré por la esterquera que tenemos en el Cantón y echaré un par de cargas de estierco. Ya tenemo queí preparando el cacho tierra pa sembrá las papa.
 Mi padre, cuando caliente una miaja la mañana, también se irá pallá a levantá un portillo y tapá una regajá  mu grande que ha jecho el agua. Ya aprovecharemos pa quitarle los cuatro mamone a los olivos. No sé si me dará tiempo de pasá por la fragua de Custodio pa darle un aguzón a los formone.
 Po y tú… ¿pa onde camina?
A--- Po yo voy pa esos Cansalobo acabá como una merga  de barbecho que me quedó ayé en  la suerte que nos ha tocao hogaño.
 ¡Chacho, que día de agua!... Estuvo toa la mañana venteando del charco. Ya por la tarde, se dejó vení una barrumbá tremenda. Parecía que se iba a juntá el cielo con la tierra. No tuve otro remedio que quitarle la ganga a los burro, recogé los cuatro jachiperre y cogé el pendí pa casa. La tierra se puso mu pesá y jecha un barrizá. Hasta me vide negro pa pasá el cacho barranco de la pea de agua que cogió.... Asin que voy pallá. Quiero acabá la miaja rebezo que me quedó.
Aluego, pa no perdé to el día, me enrearé en jaceá una carga de jornija pa llevársela a la vieja. No queda ni un cabaco enel corrá.
--- ¡Chacho!... Yo me voy apeá un rato del burro.  Se me están queando lo pie helao.
B--- ¡Como que emesté ve la pelona que ha caío esta noche!
--- Po como sigan cayendo esta helá tan tremenda, la tierra se apermaza y a la sementera le cuesta asomá... Aunque los viejos dicen: que “año de nieve, año de biene”.
--- ¿ Pa onde anduvite anoche que no te vide ?
A--- Po, cuando llegué de la Contienda, como venía estrozao y jacia tanta rasca, mi vieja le dio una firma al brasero y me dijo que  me arrimara una miaja a la camilla.  ¡Chacho!...  me quedé travelao.  Aunque no me dio tiempo ni de da una pestañá, porque aluego me vino a buscá el Pedro y salí conél un rato que, por cierto, menúa sofoquina tenía.
 Mestuvo contando los líos que se trae con la Francisca...   Ese no sale de un berrenchín cuando agarra otro. Mira que yo estoy jarto de decirle, quesa mujé no le va a traé na bueno... Pero no me jace ni caso. Parece que está apamplao... ¡Echa cuenta!... Hasta le dije que me había enterao, que má de una noche han visto a la Quica en el callejón del molino de Salomé “a brazo partío” con un forastero. Pero na… está ciego con esa zagala.
B--- ¡Po no me extraña!... Esa muchacha, desde nueva ya se veía vení... Como que ha sio siempre el deciero del pueblo. ¿Po tú no ve lo garbosa  que anda y cómo se arrima cuando va a los bailes ?
A--- Po… que tenga cuidao Pedro y se deje ya de arrancá hojas a la margarita. Como se decuide, lo va a enreá alguna pelampa.
B---  A su madre tampoco le gusta ni un pelo. Anda porahí  dándole al pico, diciendo que a su hijo le jacía falta otra mujé que tuviera ma seso y rejundiera ma.
--- Po y tu... ¿No andabas  queriéndole hablá a la Josefa?
A--- Pai ando buscándole las vuelta. Pero la cosa no está mu clara. Su madre sale a caná diciendo por el pueblo que su hija vale más que el oro en paño y que se merece otra cosita mejó.
B--- Po tu... ¡tranquilo… con atranquijo!... Las correntilla no son buena... La Manuela, como siempre, no habla má que chuminá y pamplina. Esa mujé ha sio siempre mu repínfora.
--- Po no te quede achapandao. Tú dile que, “o se jierra o se quita el banco”. Anque no creo que jaga falta. Yo escucho decí, que tú le jaces “tilín” a la Pepa.
Tu sabrá que Rafael, el de la Rosa, también  anduvo alreó della... A finá no llegaron a na.... Ese zagá no es mala persona, pero…me parece a mí quee un poco chinguichanga...
--- ¿Po… a que no sabe a quien vide jace un par de día?
A-     ¿A quién?
B--- A José, el de La Tomasa la de los quesos, que ha venío de Bilbao. Ese muchacho es de los primeros que se fueron del pueblo. ¡No vea lo lutroso que viene!... Me estuvo contando que está mu bien colocao en una fábrica.  Ha venío a da una vuelta y hablá con el Jorabao, pue quiere complarle el cercao de los Lagare. Si no san entendio ya es porque el Joroba le pide muchas  perras.
A--- Po yo me alegro que la cosa le vaya bien. José e un tio apañao... Esa familia eran un montón de hermano y  han pasao mucho paí pa esos Picoroto. Se criaron en una choza que estaba pallí cerca de la raya.
--- ¿Tacuerda tú cuando los lobos le mataron las cuatro ovejillas que tenian?...
 B--- ¡Claro que me cuerdo!... Como que yo creo que eso fue lo que le dio la puntilla.  Poreso se tuvieron que di tan pronto del pueblo.
A---¿ Po tu no sabe  que José,  cuando chico, anduvo a la muerte?
B--- ¿ Po… qué le pasó?
A--- Yo oido decí, que le daban una calentura mu grande. Se quedó como tullío. Fíjate, que ni Don Urbano el médico sabía de qué eran. La gente rumoreaba que le había picao un morgaño o una garrapata.
B--- Po pa que vea... Aluego se engaripoló y ahí lo tiene.
A--- Po nosotros vamos a tené que echá otras cuanta. Ya tenemos  que ir pensando en enalgo, porque esta vida que llevamos  no se puede llevá palante. Uno se jarta de arrancá jara, ¡pa na!...  Elaño pasao, mi padre arrayó una senara paí pa Los Leales y... chacho!... de allí salíamo to los dias guarnio de destravesá jargazo. Aluego, en las joyas y en los cuatro vericuetos donde la tierra era mejó, sembramos unas cuantas fanegas de trigo cabezorro. A la tierra ma endeble le aventamos unas cuartillas de vena y centeno. El caso es, que la sementera estuvo to el año mu buena. Echamos un montón de día quitándole al trigo los metranto, yerba jebrúa y cebollas marrana. ¡Chacho!... yo no he visto nunca tanta cebolla marrana.  ¡A resumía cuenta!… Como en la primavera faltó el agua, no arrebañamos allí má que cuatro espigurrines con los cacabullo vacios. No sacamos ni pa las prevenciones que nos aviaba mi madre. Pa colmo, a mi viejo, como ya está torpón, cuando andábamos segando las cuatro  paja,  pisó una tabarrera y al salí juyendo de la avispas, se cayó y se hizo una chifarrá  en la cabeza. Entre los picotazos que le jarrearon y la sangre, parecía un Cristo. Otro día, a mí se me coló una espagaña en el ojo y también las pasé jodía.
B--- Po a mí, Manué “el Tiznao”, está jarto de decirme que me vaya conél  a por una mochila de café. No he ido entodavía porque, como a mi vieja le da miedo, no he querío darle el sofocón. Ha escuchao, que por ahí por la Contienda de Aroche han matao a un contrabandista.
A--- ¡Po vamos a tené que ir echando otras cuenta!...Yo me enterao que Francisco “el Largo”, Manuel “el de Picamijo” y otros cuantos,  acuden por la noche a casa del Retratista. Ese hombre dicen que enseña mu bien y que no lleva caro. Me parece que dos de ello, ya están aviando los papeles pa irse la Guardia Civi.
B--- ¡Coño!... po ahí podía mete tú la cabeza. A ti, la escritura  nunca tesa dao mal. Con na que te de leciones uno meses, alomejó sales del paso y te mete en la guardia.
A--- Lo que pasa es, que yo... tené que dejá el pueblo me parece un mundo... ¿Dónde va ahí uno si malamente sé firmá y poco má?... Aluego, por otro lao, tengo a mis hermano que son entoavia mu chicos. Mi padre está ya mu quebrantao de trabajá. Asin, que de momento, habrá que aguantarse aquí como sea. Ya ma adelante echaremo otras cuenta.
B--- ¡Bueno hombre!... Po ya se abrirá por ahi  algún “puerto con clarida” pa nosotro.
 ¡Vamo a echá un pitillo!... Toma un ideá desto... Yo, casi siempre lo gasto picao pero, la semana pasá perdí la petaca  y el librito...
 ¡Arrímate pacá y toma candela!... Avé si soy capa de encendé el yesquero, que entoavía anda humedecio de la carzoná  de ayé.
A--- ¡Po vamo a echarlo!... Yo no empecé a gastarlo hasta que vine de la mili. Un día me cogió mi viejo y me dijo que ya podía jumá delante del.
B--- Bueno Antonio...Yo agilo puya arriba por esta trocha que acorto terreno. A ve que me encuentro hoy... Ayé cuando llegué, a somatraspón le vide el jopo a una zorra que andaba pendiente de lo borregos chicos. Y eso que tenga allí un perro tan grande como un burro. Pero el mu cabrón no hace má que lambuceá parriba y pabajo. Parece que está amostrencao. Le pisan la barriga y no se cosca... Aunque a esa bicha le da iguá. Como no andes pendiente, se escoliza por cualquier buraco y te la pega... Uno desto día la voy a esperá en lo alto de una encina con la epingarda y le voy a jarrerá una plomá que  la voy a poné de vuelta y media.
A--- ¡Bueno!...Po ve con Dio Braulio... Avé si aluego a la noche nos vemos pallí por casa El Litri.                                               
                                                               J.M.Santos 

jueves, 25 de enero de 2018

La última monteria

        
        (Dedicado a mi amigo Alejandro, por ser la persona que me indujo a escribir este relato)

Solía cazar por aquellas fechas en el Coto de La Contienda de Encinasola, del cual era socio. Lo que se cuenta, --escrito sin ánimo de crear ningún tipo de polémica-- ocurrió una fría mañana de invierno hace ya bastantes años. Me acompañaba el más joven de mis hijos.
El “postor”--persona encargada de colocar los puestos--nos dejó en el punto que, mediante sorteo previo, nos había correspondido. Situados en una umbría, donde las muy abundantes y viejas jaras nos cubrían por completo, era el lugar idóneo para ver sin ser visto. Al frente, en el solano, la maleza clareaba ligeramente formando algo así como una especie de plaza; punto presumible por donde se esperaba que apareciesen los “bichos”.
 Se debe aclarar, que normalmente, en este tipo de cacerías solo se abaten los ciervos adultos pero, algunas puertas –entre ellas la nuestra- estaban autorizadas para disparar a las hembras; medida legal que se lleva a cabo cuando son abundantes y se hace aconsejable el descaste.
La tremenda algarabía de ladridos que se barruntaban lejanos, era señal evidente de que se había producido la suelta de rehalas, dando comienzo la montería. Seguidamente comenzaron las persecuciones de los perros sobre venados y jabalíes y, a no tardar, empezó a sonar el repetido y trágico lenguaje de las armas.
No hubo que esperar mucho tiempo. De pronto, a  nuestras espaldas, oímos un exagerado tropel entre la maleza sin poder precisar quien lo provocaba. La incógnita quedó aclarada de inmediato porque, frente a nosotros, como a unos diez o doce metros de distancia, se detuvo una cierva acompañada de su cervato. Los animales, con la lengua fuera, jadeaban como si les faltase el aire; posiblemente cansados de correr por el monte en su intento natural por escapar del acoso de los perros.
Con lentitud encaré el rifle. Mientras apuntaba a la  aterrorizada cierva, el animal nos miraba con fijeza. En sus ojos tremendamente abiertos, se reflejaban la sorpresa y el pánico que debía sufrir en esos momentos. Parecía como si estuviese suplicando: ¿me vas a disparar?... ¡Es mi hijo quien me acompaña y no hemos hecho mal a nadie!
 Solo fueron unos cuantos segundos de tensa indecisión. Los suficientes para llegar al convencimiento de que no tenía ningún derecho a sentenciar la vida de aquella madre sólo por el inútil capricho de apretar el gatillo.
Una leve palmada fue suficiente para que las reses continuaran su huida, desapareciendo de inmediato entre la espesura del entorno.
Solo queda decir, que pasado un tiempo me deshice del arma. A partir de aquel momento, nunca más he vuelto a practicar la caza en ninguna de sus formas.

    
                J.M. Santos                                                                   

martes, 26 de diciembre de 2017

PEÑA NUESTRA.



     



     Mis pasos por el Ensanche me llevan hacia la Peña. ¡Peña nuestra!... recia, altiva, centinela de los tiempos.  Cuando regresa el ausente con penas o desaliento, solo con ver tu silueta llega luz a su semblante. He subido a visitarte y contemplo al atardecer, esa línea ondulada que separa cielo y tierra dibujando el horizonte. Cielo abierto, luminoso, donde se refleja en primavera  el verdor perenne de los olivares. Horizonte lejano, inalcanzable, límite de tantos sueños de juventud.
                                                                                            J.M.Santos

martes, 19 de septiembre de 2017

EL OLIVO GORDO



C— Caminante

O— Olivo


C…… ¡Buenos días!... Hace bastante tiempo vengo oyendo hablar de usted. Hoy,  que caminaba curioseando por estos parajes, he querido saludarle. De paso, -si le parece oportuno- estaría encantado con que pudiésemos charlar unos minutos. ¿Porque hablo con el famoso árbol conocido en la  zona  como “El Olivo  Gordo”, no es así?

O……  ¡Buenos días caminante!... Así es. Aunque lo de “famoso” más bien sobra. Mi deseo sería pasar desapercibido. Pero… llega en buen momento; llevo días sin ver a nadie y no me importaría conversar con Vd. el tiempo que crea conveniente. Precisamente eso es lo que  me sobra, tiempo. Le hago saber -si bien le parece- que durante nuestra conversación deberíamos suprimir tanto el tratamiento de usted, como otros cumplidos trasnochados. Digo esto porque, aunque la distancia que nos separa en el tiempo es abismal, entiendo que la edad y el respeto bien entendido pueden ir de la mano; siempre que cada cual conozca sus límites.

C…… Me parece estupendo Olivo. Por mi parte, encantado con tu observación. Pero dime… ¿por qué te nombran con este apodo que suena así como… un tanto vulgar?

O…… Pues no te puedo responder porque ni yo mismo lo sé. Desde hace bastantes décadas se me conoce con ese sobrenombre y creo que así seguirán llamándome hasta el final de mis días. ¡Pero no  importa... no me enfado por eso! Además, el adjetivo que se me endosa no se ajusta a la realidad. Tan grueso como yo, o más, hay otros por aquí. Entre ellos mi primo. ¡Sí!… el que ves al fondo en el lado izquierdo del camino dirección ermita. Además de rellenito, es uno de los que tienen más edad.

C……  ¿Qué tal son las relaciones con los de tu especie? Me han comentado que alguno te mira, digamos, con un poco de… recelo.

O…… Mis relaciones, en general, las considero normal… Si te comento, que algún que otro compañero parece que me tiene un poquito de envidia. ¡Envidia sana, claro!… Quizá será debido a mi situación favorecida en la zona. Como ves, es inmejorable.

C…… Déjame decirte Olivo, que me asombra tu adaptación a los tiempos  actuales. No esperaba encontrarme con un personaje tan abierto de mente.

O…… Es que, para sobrevivir, he tenido que ir adecuando tanto mi pensamiento como vocabulario, a las diferentes costumbres y formas de expresión de cada momento. De no ser así, hoy durante nuestra conversación hubiese aparecido más de una vez aquello de “Vos”, “Vuestra merced” y otros cumplidos similares que tantas veces escuché cuando era un  plantoncillo.

C…… ¡Lejanos tiempos, Olivo!... ¡Ya ha llovido desde entonces!... ¿recuerdas tu fecha de nacimiento?

O…… No estoy seguro. Si te puedo decir que tengo ya unos cuantos centenares de años. Bastantes, ¡para qué negarlo!... Solo tienes que observar las muchas y deformes rugosidades de mi tronco para entender que han tenido que pasar un montón de primaveras desde que me plantaron. Como ejemplo comparativo te hago saber, que cuando empezaron a construir la ermita allá por el mil quinientos y pico, era ya un mozuelo “engaripolao”. Tengo que añadir también que actualmente, al igual que la mayoría de mis compañeros, nos encontramos muy desmejorados, pues nadie se ocupa de nosotros. Recuerdo aquella época en la que tus congéneres nos mimaban. Hoy hemos caído en el olvido casi absoluto. No se labra nuestra tierra, ni nos podan. Nuestros “mamones” brotan y crecen a su libre albedrío sin que nadie los quite ni haga nada. Nos sentimos abandonados y dejados de la mano del hombre. ¡Con la gazuza que quitamos en tantas familias pobres de aquellos tiempos!... Cualquier corruco de pan duro regado con un chorreón -más bien escaso- de aceite, era el desayuno de la mayoría de los zagales.

C…… Cierto es. No es necesario ser entendido para darse cuenta de vuestro deterioro. Yo, por la parte que me corresponde, te pido disculpas.
Has dicho antes, que llevas tiempo sin ver a nadie. ¿Qué tal soportas la soledad?

O…… Pues la verdad es, que no me agrada demasiado. Hace ya algunas decenas de años frecuentaban la zona bastantes personas. Desafiando las inclemencias del tiempo, en invierno solían venir por aquí cuadrillas de personas a cosechar nuestro valorado fruto. Los hombres “repiaban” las aceitunas y las mujeres las apañaban del suelo. ¡Cuánto frio pasaban!... Cuando amanecía, algunas mañanas se veía el suelo blanco y cubierto por la helada. ¡Menudas “pelonas” caían!...
Otros cultivaban sus senaras en ese solano casi desértico que ves al frente. Primero rozaban la tierra de maleza; principalmente retamas. Seguidamente la barbechaban preparándola para la siembra del año siguiente. Después y bajo un sol abrasador llegaba la siega que empezaba, más o menos, a primero de junio. Como puedes comprobar, no había sombra ni para poder resguardar del calor el barril con el agua. Oí comentar muchas veces a los segadores, que era tal la temperatura que cogía, que se podía hacer café con ella sin necesidad de ponerla al fuego… ¡Bueno… de que se pusiese más bien “calentona” no hay duda! Pero… creo que exageraban un poquito.
 Cuidando de sus ganados no faltaban pastores y cabreros, la mayoría niños. Casi todos contagiados de esa plaga de la época conocida como analfabetismo, fuente de la ignorancia. Ellos, nunca tuvieron la suerte o el privilegio de haber  pisado una escuela. Con esfuerzo, algunos aprendieron a conocer las letras del abecedario, que repasaban cada noche bajo la luz escasa y tambaleante del candil de su chozo, sin otras aspiraciones que la de ver amanecer cada día. ¡Pero… a ser personas sencillas, nobles y sobrados de buenos principios, seguro que no les ganaba nadie!...
No faltaban visitas incluso ni de noche. Con frecuencia  sentíamos el “raspajeo” de algún que otro contrabandista. Más de uno hizo un alto junto a este tronco para descansar. Aunque siempre con el ojo avizor tratando de no ser sorprendido por los carabineros que, procedentes de las casetas de Picoroto o La Contienda, hacían sus correrías por la zona.
Añoro igualmente la ausencia del ermitaño. Sí…, aquél tan amigo nuestro que vivió gran parte de su vida por estos andurriales.
Tampoco podría olvidarme de las personas que, sobre bestias o caminando pero con la mejor de las intenciones, venían tanto del pueblo como de  otros lugares a visitar a La Virgen para ofrecerle sus rezos y promesas. ¡Cuántas promesas se hacían amigo!... Promesas de corazón… de las que se cumplían; a veces, teniendo que superar grandes dificultades. La gente se mostraba firme y con arraigo en cuanto a sus creencias religiosas. Dura era la vida para la inmensa mayoría, pero yo notaba que en el comportamiento de las personas había más generosidad y humildad que ahora. También… menos ambición.

C…… ¡Tranquilo… respira Olivo!... No te pongas triste…  Noto en tus palabras bastante carga de nostalgia… Piensa… que no podíamos quedarnos anclados al pasado. Hemos progresado -a Dios gracia- aunque, a veces, el progreso también suele traernos prejuicios.

O…… ¡Cierto... para que negarlo!… Pero me invade la tristeza cuando recuerdo aquella etapa de la vida que ya no volverá. Nosotros, los de nuestro gremio, nos sentíamos más útiles conviviendo de cerca con vosotros, hombres y mujeres.

C…… ¿Durante tu larga existencia, habrás sido testigo de numerosos acontecimientos?

O…… ¡Sí, de muchos! Referirlos no sería fácil porque, algunos ya ni los podría poner en pie. Además, nos llevaría largas horas de conversación. Te puedo decir, que uno de los más importantes fue cuando vimos pasar por las inmediaciones a todo un ejército de soldados armados. La mayoría iban a caballo. Se dijo por aquí, que quien los mandaba era un tal Juan Prim, general de mucho peso en la milicia. Al parecer venían perseguidos por otro ejército y marchaban en retirada. Huyendo para entender, después de llevar a cabo en no sé donde, un frustrado intento de pronunciamiento. La política no es lo mío, pero entiendo que sería algo así como un golpe de estado.
 Se comentaba, que después de cruzar la frontera entregaron sus armas  a las autoridades portuguesas. Hay quien asegura, que la espada del general aún la conservan como una joya en nuestro vecino pueblo de Barrancos.

C…… Antigua e interesante historia. Algo había leído sobre ella. Pero ahora, --si no te importa— antes de que se agote mi tiempo disponible, me gustaría escuchar tu opinión sobre las romerías.

O…… ¡Pues, qué quieres que te cuente!...  Diré, que cada romería es  fecha señalada como día grande. Se respira regocijo contagioso por cada rincón del lugar. Para mí, uno de los momentos más importante es cuando La Virgen aparece por el camino de regreso a su ermita. ¡Me embarga la alegría!... ¡Qué  satisfacción ver a tanta gente buena apiñada junto a mi tronco! Como será, que hasta mis hojas ya casi caducas, parecen reverdecer sin importarles la ligera polvareda que, a veces, se levanta. En esos momentos, lágrimas de emoción he visto yo resbalar por más de una mejilla.

C…… Tiernas palabras, Olivo… ¡Pero dime!... ¿Observas diferencia entre las romerías antiguas y las actuales?

O…… Sí, veo que todo ha cambiado mucho. Recuerdo, que hace bastante tiempo y debido quizá a la situación política y económica del momento, el pueblo llano participaba muy poco. La mayoría de los que acudían eran personas pudientes que hacían el camino sobre sus caballos y poco más. Junto a ellos – aunque no revueltos -, solían venir algunos… digamos... de otro nivel social, aunque entendidos en el arte de la cocina. Éstos eran los encargados de condimentar las calderetas de los primeros.
        Escuché decir muchas veces que el pueblo, con  fervor, recibía o despedía a su Patrona desde el sitio conocido como “La Joya de la Fuente”. Después, una vez que la Imagen rebasaba el lugar, cada cual tenía que acudir a sus quehaceres. Parece ser que la situación monetaria no daba para más.
Ahora es diferente, pues participa en masa gente de todas las clases sociales. Esto es siempre positivo pero, también tiene su lado menos bueno. Intentaré explicarme: yo, que desde mí posición privilegiada lo observo casi todo, con echar una miradita veo a bastantes personas que viven esos momentos con una devoción incuestionable. Por encima de todo está su Virgen de Flores.
 El lado negativo es, que otros muchos acuden sin fe de ningún tipo. Consideran la romería como una juerga regada con abundante “aperriaque” en la que cabe casi de todo, menos devoción. Podría asegurar que a éstos les importa mucho más los “cubatas y el cachondeo”, que la religiosidad del acto que se celebra.

C…… Demasiado crítico y algo exagerado te expresas, Olivo... Ten en cuenta --como hemos comentado antes-- que los tiempos han cambiado.

O…… No, no exagero. Es más, añado a lo ya dicho, que si ese día  se  prohibirán o limitaran las bebidas alcohólicas, seguro que veríamos por aquí bastante menos gentío.

C…… ¿Y, qué me dices sobre la participación de la mujer?

O…… ¡¡Hombre!!...  Para mí, creo que las mujeres son el alma del festejo. Es un placer ver a tanta fémina linda ataviadas con sus trajes multicolores. Vestidos, que además les hacen resaltar la belleza de cada una de sus armoniosas curvas. ¡Un goce para la vista, amigo!… Dan vida a la romería.

C…… Me asombras Olivo… No hay quien te pille. Tienes respuesta para cualquier pregunta.

Quería decirte también, que durante nuestra charla he venido observando que has utilizado algunas expresiones típicas del léxico particular de Encinasola.

O…… ¡Pues lo extraño sería, que después de tantos años conviviendo con gente del pueblo, no me hubiese contagiado de su forma de hablar! Ten en cuenta, que yo me siento tan marocho como el que más.

C……  ¡Bueno!... Tengo que dejarte. Para mí ha sido un placer poder conversar contigo, pero como mi tiempo es limitado, debo volver.

O…… ¡Ve con Dios!... Yo también he vivido un rato agradable al tener la ocasión de salir un poco de la monotonía diaria. Vuelve cuando quieras y aquí me encontrarás. Quizá no te agrade lo que te voy a decir pero, por ley natural, aunque me veas viejo y cavernoso, tú te irás de este mundo antes que yo. A menos que el fuego haga de las suyas. Créeme, que a todos nos tiembla hasta la última hoja cuando oímos decir que merodean por ahí tanto pirómano suelto. También nos preocupan las plagas y sobre todo, los vientos de borrasca. ¡Sí, sí, amigo… has oído bien… vientos de borrasca!... Te diré, que hace ya como unos setenta y muchos años, cruzó por aquí una que arrancó de cuajo cantidad árboles, tanto de los nuestros como de otras especies. Tuvo lugar a mediados de un mes de febrero, fecha que no he conseguido olvidar debido al miedo que nos hizo pasar a todos. Como sería de catastrófico, que el suceso se recuerda en el pueblo como “El año del viento”. ¡Pregunta, pregunta a los mayores del lugar y te contarán!
En fin, vuelve cuando se te apetezca  y seguiremos charlando. Aún quedan cosas que decir. ¡Muchas cosas!... Ten cuidado durante el camino de regreso. Dicen que se levanta algo de polvo y hay bastantes pedruscos sueltos.

C…… ¡Volveré!… Volveré en cuanto se presente la ocasión.

O…… Se me olvidaba… Quedaría agradecido si haces el favor de decirle a quien corresponda, que si es posible, durante los días de romería no coloquen junto a mí tronco los contenedores de basuras. ¡Me resulta desagradable!... Creo que mis años merecen un poco de consideración. 

                                                                               J.M. Santos

                                                                           Foto de José Manuel Vázquez