domingo, 22 de abril de 2007

LA SIESTA



Aunque sin poder precisar, este relato que se cuenta debió tener lugar entre los años 1927-31, fechas próximas a la llegada de la Segunda República
 España vivía convulsionada por los acontecimientos políticos de cada día. El fin de la Dictadura de Primo de Rivera, los pronunciamientos encabezados por los capitanes Fermín Galán y Angel García Hernández, el exilio del Rey Alfonso XIII; así como otros hechos destacables que no presagiaban nada halagüeño.
Pero no es mi intención mencionar sucesos ampliamente conocidos por todos y contados ya tantas veces por plumas de historiadores de relevancia. Quiero hablar de cosas sencillas de nuestro pueblo que, a veces, no por sencillas dejan de ser interesantes.
Por aquellos años, llegado el verano, se formaban grandes cuadrillas de segadores. Hoz en mano, trabajaban a jornal durante toda la campaña en los tajos de los grandes latifundios; ocupación ya extinguida que resultaba agotadora. Aprovechando la “fresca” como se decía, con la primera luz del día empezaba la faena, continuando bajo el sol abrasador de junio-julio hasta que, sobre el medio día, el manijero mandaba hacer un alto para comer. Terminada la merienda y todavía  casi con la comida en la boca, se incorporaban de nuevo a la faena, hasta “dar de mano” en hora  próxima a la puesta de sol.
Llegaba una nueva temporada de siega y con ella, las largas jornadas que ponían a prueba la resistencia física de los mejores mozos de las cuadrillas. Por otro lado, Encinasola tampoco era ajena a los movimientos sindicalistas apoyados por los distintos partidos políticos del momento. Quizá, eran los socialistas los que con más afiliados y simpatizantes contaran. Su sede se encontraba en la Plaza, concretamente en los altos de lo que fue la Posada del Rincón. Se conocía como La Sociedad y componía su directiva tío Lorenzo “El de la cooperativa”, Cesáreo “Marin”, José Manuel “Pavo”, Manuel Márquez “Tulipán” y Manuel “Maleno”; hombres todos del campo y conocedores en sus propias carnes de la dureza de ese trabajo.
Atendiendo el sentir de los segadores, decidieron concertar una reunión con los dueños de las fincas a fin de hacerles llegar el descontento general entre los del gremio. La misma tuvo lugar en el Ayuntamiento, asistiendo por parte de los segadores los ya reseñados. La patronal estaba representada por tío Ascensión Márquez “Vinagre”, Vicente “Pelo-liebre”, Toribio “Llaga” y Francisco Márquez (es posible que hubiera algunos más, de uno u otro lado que no se citen).
Durante el encuentro se reivindicó la necesidad de disfrutar de más tiempo libre durante el descanso de medio día; tiempo que aprovecharían los trabajadores para comer y, seguidamente, echar una “cabezaílla” mientras los rayos del sol se dejaban sentir con más intensidad. Tras largo y duro debate, la reunión terminó con resultado positivo a favor de los jornaleros, acordándose un descanso de dos horas; compromiso que tendría vigencia cada año desde las Cruces de Mayo hasta final de Agosto.
Visto desde hoy, lo conseguido puede parecer insignificante para algunos, pero en aquellos tiempos tuvo gran repercusión. El hecho referido se haría muy popular en el pueblo, siendo recordado como “El acuerdo de la siesta”.


                                                                                                                                                         J.M. Santos  









4 comentarios:

  1. Querido Lunes, no se quien eres; pero al leer tus relatos siento que debes ser una persona muy sincera y con mucha humanidad y sentimientos. Cada vez que leo un relato tuyo espero con ansiedad el siguiente, ya que los temas de los que hablan tienen un gran interés para mi; tanto por su temática (cotidiana y tal vez irrelevante a ojos de otros) como por su ubicación en el tiempo. Te ánimo a que no dejes de escribir estas anécdotas e historias que ocurrieron en nuestra querida Encinasola. Sin más, recibe un fuerte abrazo.

    Pd: Una sugerencia, seguro que tienes alguna vivencia o anécdota sobre las famosas "pantarujas", sería mucho pedir un relato sobre ellas... un saludo.

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  2. Comunicante anónimo/a: Gracias por tu comentario.

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  3. Aunque tu articulo fue escrito hace tiempo, al leer hoy: "La siesta", he recordado algo que me ocurrió un verano tomándome una cerveza en el Barrilito (Encinasola).
    Pasó delante de mí un patrón (como tu le denominas) y un hombre que estaba a mi lado, dijo en voz alta: "Ese sinvergüenza que va ahí, es el culpable de que yo me tuviera que ir del pueblo". Como le miré con cara de interrogación, añadió: Me tuve que marchar del pueblo a Bilbao porque nos reventaba trabajando de sol a sol y hasta su mujer, delante de mí, le dijo: ¿No te dan pena los hombres?
    Si le volviese a ver le conocería perfectamente, pero no se su nombre.
    El que era su patrón, murió hace años.
    Por supuesto son viejas historias y los nombres no importan. Lo importante es que nunca se volverán a repetir.
    Los tiempos han cambiado y el primer cambio fue aquel: "Acuerdo de la siesta"
    Un saludo amigo José María.

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  4. Alicia, gracias por tu comentario que, como siempre, llega cargado de contenido. Fueron tiempos difíciles donde tenía cabida ese caso que relatas. Quizá, donde dice patrón, hubiese quedado mejor expresado mencionar "el amo". Ojalá no tengamos que volver a conocer aquella vida de tanto sacrificio.
    Cordial saludo.

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